El ritmo de la gente, el ritmo de la calle. El ritmo de la música, el ritmo del baile. El ritmo del corazón, el ritmo de la vida. El ritmo de Tokyo, el ritmo de la ciudad.
La realidad en ocasiones oculta su existencia. No podemos encontrarla, nos rodea invisible, jugando con nuestros sentidos, dejándose entrever tan solo para ridiculizarnos aún más. La realidad no siempre es la que queremos que sea, ni aun cuando nos la imaginamos porque no podemos verla. Triste existencia la del novato de la vida y experimentado del vivir.